La divulgación de prácticas de sostenibilidad por parte de las corporaciones a través de distintos de estándares está creciendo sostenidamente dejando de ser una decisión voluntaria para transformarse en una obligación que imponen reguladores y bolsas de valores[1], mientras que las calificaciones ESG se han convertido en una prioridad estratégica central para la dirección empresaria en la medida que influye en el  costo de capital, en las relaciones con inversores, la confianza del consumidor, la cadena de valor, etc., y eso ha transformado la realización de una calificación ESG en un acto voluntario imprescindible para las corporaciones.  

 

La condición de obligatoriedad a menudo lleva a las empresas a priorizar la realización de reportes, sin advertir que estos pierden trascendencia sin una calificación ESG externa e independiente que certifique su calidad y verisimilitud.

 

Cierto es que la situación inversa también puede presentarse, sobre todo en el caso de pequeñas empresas que no están obligadas realizar reportes de sostenibilidad o porque utilizan como calificación ESG una autoevaluación que por un costo mínimo obtienen a través de una plataforma digital, lo cual puede considerarse sólo son un punto de partida estratégico, pero no sustituyen una calificación ESG realizada por un tercero independiente.

 

La situación ideal es que reportes de sustentabilidad y calificaciones ESG coexistan y se complementen, ya que forman parte del mismo ecosistema de transparencia financiera y ambiental, aunque operan desde perspectivas diferentes. Mientras que los reportes son la fuente primaria de información, destinada a transparentar prácticas sostenibles para clientes, empleados, reguladores, público en general, las calificaciones ESG son evaluaciones externas independientes que procesan esos datos para los inversores y otras partes interesadas.

 

En síntesis, reportes de sostenibilidad y calificaciones ESG son componentes interdependientes y complementarios de una estrategia sólida de transparencia corporativa. Los reportes de sostenibilidad (obligatorios o no) proporcionan la materia prima y los datos brutos esenciales, pero es la voluntariedad de la calificación ESG la que aporta el análisis externo, la credibilidad y el control de calidad que los inversores exigen para mitigar el riesgo ESG de una corporación.

 

[1]El número de países cuyos reguladores o bolsas de valores que obligan a las empresas a presentar reportes de sostenibilidad es creciente (la Unión Europea, China, Japón, Singapur, Brasil, etc.) ver https://kpmg.com/ar/es/tendencias/2025/01/hacia-la-presentacion-obligatoria-de-informes-de-sostenibilidad.html

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